La sonata para piano

Una sonata para piano es aquella que se escribe para piano solo, es decir sin acompañamiento. Usualmente las sonatas para piano se escriben en tres o cuatro movimientos, en ocasiones sólo en uno o dos. El primer movimiento se compone generalmente en forma de sonata con una línea melódica y un acompañamiento.

Durante la era barroca, el uso del término “sonata” en la teoría hace referencia tanto a la sonata da chiesa (sonata de iglesia) como a la sonata da cámara (sonata ordinaria), las cuales eran, ambas, sonatas para varios instrumentos (por lo general uno o más violines más un bajo continuo). La sonata para teclado era descuidada por la mayoría de los compositores.

Fueron las más de 500 sonatas de Domenico Scarlatti que produjeron el estallido de la sonata barroca para teclado, si bien la mayor parte de éstas no fueron publicadas durante su vida. La mayoría de dichas sonatas están en una forma de movimiento binario, ambas secciones en el mismo tiempo y empleando el mismo material temático. Estas sonatas son premiadas por su dificultad técnica, motivo por el cual se las ha calificado frecuentemente de ser nada más que composiciones pedagógicas para desarrollar la técnica del piano, y su formal ingenio musical.

Aunque varios compositores del siglo XVII han escrito piezas para teclado a las que titularon “Sonata”, fue sólo en la era clásica, cuando el piano desplazó al clavicordio y a la forma de sonata para alcanzar importancia como principio de la composición musical, que el término “sonata para piano” adquirió un significado definido y una forma característica.

Los tres compositores más grandiosos de la era clásica, Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwing van Beethoven (este último también de la era romántica), escribieron numerosas sonatas para piano, al igual que su contemporáneo el joven Franz Schubert. Las 32 sonatas de Beethoven, incluyendo las conocidas sonatas “La patética” y “Claro de Luna”, son consideradas, a menudo, el pináculo en la composición de sonatas para piano.

Mientras la era romántica avanzaba luego de Beethoven y Schubert, se continuó escribiendo sonatas para piano, pero en cantidades mucho más pequeñas, a la vez que la forma asumía un matiz un tanto más académico y competía con géneros pequeños mucho más compatibles con el estilo de composición romántico.

La extensa Sonata en Si menor con “cuatro movimientos en uno” de Franz Liszt recurre al concepto de la transformación temática introducido inicialmente por Schubert en su Fantasía Trotamundos de 1822. Las sonatas han sido escritas a lo largo del siglo XIX y XX, y hasta incluso en los días actuales.

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