El oído absoluto o perfecto y los pianos

Como decíamos en el artículo sobre el oído absoluto, a la edad de 7 años, entonces, el desarrollo de las neuronas y de la corteza se encuentra aún en progreso: entonces probablemente creamos que el oído absoluto puede aprenderse sobre la marcha. Pero sólo hasta una cierta edad: los hechos demuestran que empezar a estudiar música luego de los 11, nos priva de la posibilidad de un oído absoluto, y su adquisición en la fase adulta es extremadamente rara. También se ha comentado que este “don” era más frecuente entre los músicos ciegos, cuya audición está mucho más formada de todos modos, con o sin el oído absoluto. Finalmente, la degeneración del oído, seguido de las enfermedades cerebrales, pueden tener trágicas consecuencias en la percepción tonal.

Por ejemplo, Gabriel Fauré, hacia el final de su vida, estuvo oyendo todo extremadamente fuera de tono, lo cual es una gran tortura para un compositor. Algunos oídos perfectos ven su referencia inexorablemente grave mientras van envejeciendo, lo cual les permite percibir todo demasiado agudos.

El piano absoluto y su relación con el oído absoluto
Los dictados musicales son, como lo hemos visto, una opción disponible para los “absolutistas”. Donde un oído normal necesita estar constantemente retornando a la base “La”, el oído de tono perfecto se maneja alegremente sin ella. Además, la mayoría de las personas que poseen este don son capaces de cantar un “La” correctamente afinado en cualquier momento. Fácil de chequear: el tono directo es un perfecto La a 440 Hz.

Algunos reconocen las variaciones espectrales en lugar del tono. Por ejemplo, el espectro del sonido puro de una cuerda varia dependiendo de la tensión de dicha cuerda. De esta manera, no es raro que los violinistas, entre otros, afinen sus instrumentos sin ningún tipo de ayuda externa. De manera similar, otros músicos son especialistas en sus instrumentos: instantáneamente nombran las teclas tocadas en el piano, por ejemplo, pero permanecen en silencio mientras las mismas son tocadas por una trompeta.

Su “oído absoluto” es de hecho un analizador de timbres de alto nivel. El número de notas reconocidas al mismo tiempo (acordes) es también muy variable. Algunos “fenómenos” pueden analizar nota por nota de un acorde atonal compuesto de más de 10 notas sin saltearse una sola! Y más que ello, aquellas “excepciones” incluso dividen sonidos en una serie de tonos, quejándose cuando una puerta cruje, pues su sonido no es consonante!

¿Ventaja o desventaja?
¿No es cierto que este análisis, efectivamente involuntario, pero a la vez tan preciso y permanente, daña el gusto musical? En otras palabras, aún le gusta escuchar música a alguien que posee este don si no puedes parar de escucharla como una serie de notas perfectamente identificables?

Frente a esto pueden darse varias respuestas. Primero, el oído absoluto, muy analítico permite seguir las más complejas polifonías en tiempo real. Phil Collins ama afinar sus tambores de la batería: sutileza que pasa desapercibida para aquella persona que no reconoce los tonos.

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