Particularidades de un concierto Keith Jarret

Uno de los muchos aspectos destacables del pianista Keith Jarrett es que para un músico que ha hecho tanto como cualquiera para promover la causa de la música espontánea, improvisada, casi todo lo que hace está sumamente calculado. No sólo eso, está calculado para producir toda la tensión que la psiquis humana puede absorber.

Piense en el Sr. Jarrett como un malabarista quien mantiene a los espectadores al borde de sus asientos al arrojar tres cuchillos al aire, y los mantiene allí durante el mayor tiempo posible. A diferencia de un malabarista, creo yo, Keith mantiene amontonada la tensión a lo largo de un periodo de tiempo que es, como mínimo, de diez minutos. Su concierto en el Carnegie Hall el jueves por la noche, como parte del festival de jazz JVC, se basó en dos horas y media de tan sólo piano, bajo y batería. (Keith Jarret es también un corredor de largas distancias en el sentido de que su trío, formado por el bajista Gary Peacock y el baterista Jack DeJohnette, se encuentra a pocos meses de cumplir su 25º aniversario).


La tensión fue palpable incluso hasta cuando el Señor Jarret caminaba abandonaba el escenario. Tal vez la lección clave que aprendió de su experiencia con Miles Davis, con quien tocó entre 1970 y 71, fue el concepto de reverseshowmanship, o tocar con severidad para poder ignorar al público y presentarse a sí mismo de un modo completamente hostil. Ese jueves, lo peor que Jarret hizo fue insultar a “personas estúpidas” (tal cual las llamó) quienes insistían en tomarle una fotografía.

Si bien Keith Jarret ha absorbido a un montón de predecesores que le han influenciado tales como Bud Powell y Bill Evans, a veces parece que su mayor influencia es Alfred Hitchcock. Para su primer melodía comenzó con un solo, una estela de armonías impresionistas en liberación. Pero incluso luego de que salió del escenario durante un receso, se rehusó a darnos alguna pista de la identidad de la melodía.

La rapidez del señor Jarrett en sus pasajes son deslumbrantes e incluso emocionantes; sus originales blues, “Uno para Majid” y “¿Es realmente lo mismo?”, tienen mucho ritmo y movimiento (en sentido físico, no emocional), y sus arreglos, tales como el del tema afro-cubano “I’m a fool to want you”, son elegantes y agradables.

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