Elementos característicos de la Zarzuela

La zarzuela, también llamada sarswela en Filipinas, es un género lírico-dramático español que alterna escenas habladas y cantadas. Posteriormente incorporó danza. Se cree que el nombre deriva de una cabaña de cazadores, el Palacio de Zarzuela, cerca de Madrid, donde en el siglo XVII, este tipo de presentaciones se originaron ante la Corte Real Española. Existen, principalmente, dos formas de zarzuela: la Barroca (1630-1750), que es el estilo más antiguo, y la zarzuela Romántica (1850-1950), que puede dividirse en dos sub-géneros, el grande y el chico. La zarzuela (también conocida como zarzuelta) es además un género y parte integral de la música filipina.

Fue llevada durante el periodo de la colonización hispánica por los colonos y los frailes, y se difundió velozmente a los nativos, quienes la adaptaron según sus gustos. El teatro musical existía en España desde los tiempos de Juan del Encina. El innovador aporte de este nuevo género fue el de otorgar a los miembros musicales una función más dramática; es decir, que fueron integrados al argumento del trabajo. Otras características que aportó fueron la presencia de una gran orquesta y la incorporación de coros, canciones y danza, similar a la ópera. En 1658 en el Palacio Real de El Prado, el Rey Felipe IV de España, la Reina Mariana y su corte asistieron a la primer presentación de una comedia nueva de Pedro Calderón de la Barca, con música de Juan de Hidalgo.

 

El Laurel de Apolo, tradicionalmente simboliza el nacimiento de un nuevo género musical el cual se conoció como La Zarzuela. El género fue nombrado luego en el Palacio de la Zarzuela, una de las cabañas de caza del Rey, situada en un campo remoto repleto de zarzas, en lo que sería el actual El Prado.  Al igual que El golfo de las sirenas (1657) de Calderón de la Barca, El Laurel de Apolo combina versos de drama mitológicos con solos operísticos, canciones populares y danzas.

Los personajes de las primeras zarzuelas barrocas eran una mezcla de dioses, criaturas mitológicas y personajes de comedias rústicas o pastorales; la popular obra Acis y Galatea (1708) de Antonio de Literes es otro ejemplo. A diferencia de otras formas operísticas, había interludios hablados, usualmente en verso. En la España Borbona del siglo XVIII, el estilo artístico italiano dominaba las artes, incluyendo la ópera italiana. La zarzuela, si bien aún se escribían textos españoles, cambió para acomodarse a la moda. Durante el reinado de Carlos III, los problemas políticos provocaron una serie de revueltas contra sus ministros italianos; esto resonó en las presentaciones teatrales.

El viejo estilo de la zarzuela quedó fuera de moda, pero la tradición popular española continuó manifestándola en trabajos más pequeños, tales como la tonadilla de una escena (o intermezzo) de cuyo exponente literario más fino fue Ramón de la Cruz. Algunos músicos, como por ejemplo Rodríguez de Hita, eran diestros en el estilo de trabajos cortos, si bien también escribió una zarzuela a gran escala, junto a de la Cruz titulada Las segadoras de Vallecas (1768).


Entre 1850 y 1860 un grupo de patrióticos escritores y compositores liderados por Francisco Barbieri y Joaquín Gaztambide revivieron este género, viendo en ello un posible levantamiento contra la hegemonía cultural de Francia e Italia. Los elementos de trabajo continuaron siendo los mismos: solos cantados y coros, sazonados con escenas habladas, y canciones cómicas, conjuntos musicales y danzas.

Abundan Costume dramas y variaciones regionales, y los libretos (si bien, basados en los originales franceses) son ricos en modismos españoles y jergas populares. Las zarzuelas del día incluyen en sus libretos varios regionalismos y jergas populares, tales como los castizos de Madrid. Por lo general, el éxito de un trabajo se daba por una o varias canciones que el público conocía y llegaba a amar. A pesar de algunas modificaciones, su estructura básica permaneció intacta: escenas de diálogos, canciones, coros y escenas cómicas, generalmente interpretadas por actores-cantantes. Las obras maestras finales de este periodo fueron Pan y toros de Barbieri y El juramento de Gaztambide. Otro compositor notable dentro de este periodo fue Emilio Arrieta.

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