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Acto I
Cesare Angelotti, un fugitivo prisionero político, entra apresurado en la
Iglesia de Sant´ Andrea della Valle para esconderse en la capilla. Cuando se
escondió, un viejo sacristán entra ahí, rezando al compás del Angelus. Mario
Cavaradossi entra a trabajar en su retrato de Maria Magdalena – inspirado por la
Marchesa Attavanti (la hermana de Angelotti), a quien había visto pero no
conocía. Sacando un pedazo de la pieza de la cantante Floria Tosca, el compara
su belleza con la de la rubia Magdalena (“Recóndita armonía”). El Sacristán se
enoja y se va. Angelotti sale corriendo y es reconocido por su amigo liberal
Mario, quien le da comida y lo mete rápido de vuelta en la capilla cuando Tosca
escucha que lo llaman de afuera. Siempre sospechoso, ella le pregunta celosa,
luego reza, y le recuerda sobre su cita esa noche en su villa. (“Non la sospiri
la nostra casetta?”). De repente reconociendo a Marchesa Attavanti en la
pintura, Tosca tuvo nuevas sospechas, pero Mario logró tranquilizarla (“Qual
occhio al mondo”). Cuando se fue, Mario llamó a Angelotti para que salga de la
capilla; un disparo avisó que la policía descubrió el escape, entonces los dos
fueron rápidamente a la villa de Mario. Mientras tanto, el Sacristán volvió con
unos niños del coro que iban a cantar en Te Deum ese día. Su emoción se acabó
con la entrada del Barón Scarpia, jefe de la policía secreta, en busca de
Angelotti. Cuando Tosca volvió a la Iglesia por su amor, Scarpia le mostró un
abanico con el escudo de Avanti, que recién había encontrado. Pensando en la
deslealtad de Mario, Tosca prometió venganza y se fue de la iglesia
reverenciando. Scarpia, mandó a sus hombres para que la sigan hasta Angelotti,
planeando tener a la diva en su poder (“Va, Tosca”).
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Acto II
En el Palacio de Farnese, Scarpia anticipó el sumo placer de tener a Tosca en su
poder (“Ha più forte zapore”). El espía Spoletta llegó, sin encontrar a
Angelotti; para conformar al Barón le trajo a Mario, que es interrogado mientras
Tosca está escuchando una cantata en el salón del piso de abajo. Ella entró
justo cuando su amado era llevado a una sala contigua: su arrogante y tenaz
silencio iba a ser quebrado con torturas. Trastornada por las preguntas de
Scarpia y los gritos de Mario, Tosca revela el escondite de Angelotti. Mario
sigue siendo torturado, dándose cuenta de lo que pasaba, el va hacia Tosca, pero
rápidamente el oficial Scarrione anuncia el triunfo de Napoleón en la Batalla de
Morengo, una derrota para los del lado de Scarpia. Mario grita su desafío de
tiranía (“Vittoria”) y es llevado a prisión. Scarpia, reanudando su cena,
sugiere que Tosca se entregue ella misma a cambio de la vida de su amado.
Luchando por su libertad, ella se queja de Dios por su destino, habiendo
dedicado su vida al arte y al amor (“Vissi d´arte”). Scarpia insiste nuevamente,
pero Spoletta interrumpe: Angelotti al estar arrinconado se suicidó. Tosca,
forzada a entregarse o perder a su amor, aceptó la propuesta de Scarpia. El
Barón pretendía ordenar una ejecución del prisionero, después de ser liberado;
Spoletta se fue. No más pronto Scarpia escribió unas instrucciones seguras para
los amados que instruian a que Tosca agarre un cuchillo y mate a Mario.
Arrebatándole el documento de sus rígidas manos, se puso velas en su cabeza y un
crucifijo en su pecho; luego Tosca se fue de la habitación.
Acto III
La voz de un pastor se escucha como las campanas tañen en el amanecer.
Mario aguarda su ejecución en el Castillo Sant´Angelo; él le pide al
carcelero que le entregue una carta de despedida a Tosca. Escribiéndola,
con memorias de amor, el de da paso a la desesperación y a la angustia (“E
lucevan le stelle”). De repente Tosca entra corriendo, con historias de
sus recientes aventuras. Mario le acaricia la mano que cometió el
asesinato (“O dolci mani”). Como apareció la escuadrilla, la diva le dice
a Mario como fingir su muerte convincentemente; los soldados disparan y se
marchan. Tosca impulsó a Mario para que se apure, pero cuando falló su
movimiento, Tosca descubrió que la traición de Scarpia ha superado lo mas
grave e inaceptable: las balas eran reales. Cuando Spoletta se apura para
arrestar a Tosca por el asesinato de Scarpia, ella le lloró a Scarpia por
enfrentarse a ella antes que a Dios; después saltó de alegría por su
muerte.
Otras óperas de Puccini:
Le Villi
Edgar
Gianni Schicchi
La Rondine
Il Tabarro
La Fanciulla del West
Turandot
Manon Lescaut
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