Libreto de la ópera Sigfrido de Richard Wagner

ACTO I:
En su taller en la caverna cercana a la guarida de Fafner, Mime se queja amargamente de que tiene que forjar una nueva espada para Sigfrido, quien ha madurado. El impotente y lleno de odio, Nibelungo ha hecho muchas hojas para su aprendiz, pero siempre las rompe en pedazos cuando las prueba. Aunque Mime le ha ocultado al trastornado de Nothung, la espada mágica forjada por el padre de Sigfrido, porque carece de habilidad para restablecer sus fragmentos. Si él podría hacerlo, con la ayuda de Sigfrido, el cumpliría su sueño de obtener el anillo de Fafner y convertirse así en gobernante del mundo. Un cuerno de caza anuncia el objetivo de Sigfrido, quien aparece con un oso que ha capturado, jugando a asustar a Mime antes de largar al animal al bosque. Impaciente por una nueva espada, Sigfrido consigue el último esfuerzo de Mime, sólo para tener el arma como un juguete en sus manos. Nibelungo confiesa que hace años se encontró con una mujer en apuros en los bosques y la ayudo hasta que murió dando a luz. Su nombre era Sieglinde, y el padre del bebé había caído en combate; por eso el nombre de Sigfrido es un legado de su madre. Conmovidos por la historia, Sigfrido pide que pruebe lo que ha dicho, y Mime les muestra restos de la espada de Nothung. El joven insiste en soldar el arma completa, para que pueda ir al mundo en busca de aventuras. Sigfrido se mete de nuevo en el bosque. Cuando Sigfrido le ordena de nuevo a Mime que termine Nothung, el Nibelungo dice que el carece de la habilidad necesaria, por lo que Sigfrido debe reparar la espada por sí mismo. Mientras el joven descansa, Mime complota para deshacerse de él una vez que el dragón sea asesinado y el tesoro recuperado. Sigfrido termina la espada, corta el yunque con esta y se mete en el bosque.

 

ACTO II
Esa noche, Alberich mantiene vigilancia cerca de la cueva de Fafner, a la espera de su tesoro perdido, decidido a recuperar el Anillo. Cuando Wanderer lo enfoca, bañando en el miedo de la luz, Nibelungo lo reconoce como Wotan. El dios le asegura que él ya no cuida el Anillo, que el es ahora sólo un observador del destino. Él añade que es Mime a quien Alberich debería temer, porque Mime quiere el oro y trae a un joven y valiente héroe para asesinar a Fafner. Nibelungo esta seguro de que su enemigo lo esta ayudando. Wotan y Alberich despiertan a Fafner para advertirle el peligro que se le acerca, instándole a entregar el anillo, pero Fafner dice que el va a vencer a cualquier atacante. Dios y el Nibelungo desaparecen en las sombras. Cuando Siegfrido se mete en la cueva para inspeccionar el tesoro, Mime vuelve hacia atrás, para ser enfrentado por Alberich. Los hermanos se pelean por el botín, retirándose cuando Siegfrido aparece, quien trae la prueba de su victoria, el Tarnhelm, el cual ato a su cinturón, y el anillo, que lo puso en su mano. Ahora, el Forest Bird advierte a Sigfrido acerca de Mime, quien pronto se arrastra hacia delante, con una bebida envenenada. Leyendo los pensamientos verdaderos del enano, el joven pierde la paciencia con Nibelungo y lo mata, mientras que la risa Alberich hace eco en la distancia. Mientras Sigfrido descansa, lamentando su soledad, el pájaro le dice de una doncella que duerme sobre una roca rodeada de fuego - Brünnhilde, una novia que sólo se puede ganar por un héroe que no conozca el miedo. El joven corre por el bosque hacia la montaña donde duerme.

ACTO III
Por la noche, mientras los relámpagos y truenos amenazan la garganta de las montañas salvajes, Wanderer convoca a Erda desde el sueño. Ocultando su identidad, busca el conocimiento del futuro. Erda evade las preguntas, y el dios, renunciando a sí mismo al destino de Valhalla, dejando el mundo al poder del amor de Brünnhilde. Cuando Sigfrido entra en el desfiladero, Wanderer se encuentra con su nieto, preguntando con humor acerca de sus hazañas y de la espada que usa. Sigfrido responde con arrogancia, enojándose con Dios que trata de bloquear su camino. Salteándose a Nothung, el joven astilla la lanza de Wanderer con un solo golpe. Consciente de que su poder se terminó, el dios recupera las piezas rotas, y luego se desvanece mientras Sigfrido escala la montaña. Dawn entra en la roca donde descansa Brünnhilde. Llegando a la cumbre, Sigfrido descubre una figura armada y dormida, que parece ser un hombre. Sin embargo, cuando remueve la armadura del Valkyrie, el casco y la coraza, se encuentra en su lugar con la primera mujer que ha visto. Con una sensación de temor, invoca el espíritu de su madre, y por último toma coraje para besar los labios de la doncella. Brünnhilde, despierta de su larga siesta, y lentamente se da cuenta de que no está soñando, y que Sigfrido ha llegado. Celebra la luz del sol y su retorno a la vida. Cuando Sigfrido trata de abrazarla, se pone en alerta, diciendo que la pasión de la tierra destruiría su inmortalidad. Pero ella ahora es mortal, ya no es más una Valkyrie, y un fervor de mujer pronto sustituye a la vergüenza y al miedo. Se lanza sobre los brazos de Sigfrido, le dice adiós a las memorias de Valhalla, abandonándose a sí misma por el amor humano, alegrándose aun en los pensamientos de la muerte.

Otras óperas de Wagner:
• Tannhauser
• El anillo de los Nibelungos
• Parsifal
• Tristán e Isolda

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