Libreto de la ópera Salomé de Richard Strauss

Judea, A.D. 30. Desde la terraza del palacio del rey Herodes, Narraboth, capitán de la guardia, mira con entusiasmo a la Princesa Salome, quien está festejando con su padrastro y su corte. La voz del profeta Jochanaan hace eco desde una cisterna profunda, en donde está encarcelado por el rey, quien le tiene temor. Salomé, aburrida con Herodes y con sus invitados, sale afuera por un poco de aire fresco y le agarra curiosidad cuando escucha a Jochanaan insultando a Herodías, su madre.

Cuando los soldados se niegan a traer a Jochanaan hacia ella, Salomé hace que Narraboth caiga en sus engaños, quien ordena que traigan a Jochanaan. Salome queda fascinada por la palidez mortal del profeta y derrama su incontrolable deseo de tocarlo. El profeta la rechaza, hablando del hijo de Dios, que vendrá para salvar la humanidad. Cuando Salome le vuelve a rogar por un beso a Jochanaan, Narraboth queda horrorizado, y el profeta desciende a la cisterna, diciéndole a ella que busque la salvación en el Mesías. La niña cae en la frustración y Herodes aparece, seguido por su corte.

 

Cuando él se resbala en la sangre de Narraboth, se acobarda y comienza a experimentar alucinaciones, las cuales Herodías desprecia. Los pensamientos de Herodes se turnan hacia Salome, quien rechaza sus atenciones. Un abuso renovado de la voz subterránea de Jochanaan hostiga a Herodías, quien exige que Herodes le lleve al profeta a los Judíos. El rechazo de Herodes incurre a un argumento entre los Judíos interesados en la naturaleza de Dios, y en una descripción de los milagros de Cristo por dos nazarenos.

Herodes le ruega a Salome que lo divierta bailando y le ofrece lo que ella desee a cambio. Salome le hace jurar que mantenga su promesa, y luego baila, derramando lentamente siete velos y terminando el baile en sus pies. Salome exige la cabeza de Jochanaan en una charola de plata, ignorando las alternativas desesperadas de Herodes (joyas, aves raras, un velo sagrado, etc).

El rey, aterrorizado, finalmente se rinde. Después de una pausa tensa, el brazo del ejecutor se asoma desde la cisterna, ofreciéndole la cabeza a Salome. Mientras que las nubes oscurecen la luna, Salome agarra su recompensa apasionadamente, agarrando a Jochanaan como si estuviese vivo y besando sus labios. Superado por la repugnancia, Herodes le ordena a los soldados que maten a Salome.

Otras óperas de Strauss:
Elektra
Salome
Ariadna de Naxos

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