El mundo lírico de Gioacchino Rossini

Ambos padres eran músicos, su padre tocaba el corno, y su madre era cantante; Gioacchino Rossini aprendió ambas artes de pequeño, y siendo tan sólo un niño cantaba en algunas de las óperas de Bologna, donde vivía la familia. Allí estudió y comenzó su carrera operística cuando, a los 18 años, escribió una comedia con tan sólo un acto, para Venecia. A éste le siguieron otros encargos, de Bologna, Ferrara, Venecia nuevamente y Milán, donde La pietra del paragone fue un éxito en la casa de ópera La Scala en 1812. Esta fue una de las siete óperas que escribió tan sólo en 16 meses.

Este nivel de actividad continuó en los años siguientes. Sus primeras óperas en ganar aceptación internacional fueron escritas en 1813, para diferentes teatros venecianos: tanto Tancredi como L’italiana in Algeri, una combina la expresión lírica y las características fundamentales del drama con sus melodías cristalinas; la otra cambia fácilmente del sentimentalismo, al patriotismo y del absurdo a la locura. Las dos óperas para Milán, inscriptas dentro del Bel Canto, fueron menos exitosas. Pero en 1815 Rossini viajó a Nápoles como director artístico y musical del Teatro San Carlo, el cual le exigió que se concentrara en la composición de óperas con carácter más serio. Pero también se le permitía componer para otros teatros. De esta misma época datan sus dos supremas comedias, escritas para Roma, Il barbarie di Siviglia (El barbero de Sevilla) y La Cenerentola. La primera, con sus elegantes melodías, sus ritmos estimulantes y su excelente texto, ha sido considerada como la mejor de todas las óperas cómicas italianas. Data de 1816; en su comienzo la ópera fue un fracaso rotundo, pero rápidamente se convirtió en el más amado de sus trabajos cómicos, también admirado por Beethoven y Verdi. Al año siguiente apareció La Cenerentola, una encantadora y sentimental historia que atrapó a un gran número de personas.

 

Las óperas de mayor importancia en el período siguiente fueron encargadas por Nápoles. El tercer acto de su Otello (1816), con su fuerte estructura unitaria, denota su madurez como músico dramatista. Las óperas napolitanas muestran una expansión de sus métodos musicales, con mayores y más extensos conjuntos, y al coro como un participante sumamente activo; el recitativo que las acompaña es mucho más dramático y en ellos la orquesta cumple un papel fundamental. Rossini abandonó también las overturas tradicionales, probablemente con el fin de involucrar a su audiencia dentro del drama desde el comienzo de la obra. Isabella Colbran era la soprano más destacada de todo Nápoles, amante del empresario Barbaia. Ella dejó a Barbaia y se quedó junto a Rossini, con quien se casó en 1822, pero no fueron felices juntos.

Entre las obras muestras de esta etapa se encuentran: Maometto II (1820) y, escrita para Venecia, Semiramide (1823). Rossini y su mujer regresaron a Bologna. Luego, en 1823 viajaron a Londres y después a París donde se convirtió en director del Teatro Italiano, componiendo para este teatro y para el Opéra. Algunos de sus trabajos en París son adaptaciones (Le siège de Corinthe y Moïse et Pharaon); la ópera cómica Le Comte Ory tiene algunas partes nuevas, pero Guillaume Tell fue rearmada completamente. Esta última es un ejemplo exquisito de su mejor música, con una orquestación detalladamente elaborada, muchos conjuntos, espectaculares ballets y procesiones al estilo francés y armonías bastante audaces para la época.

A los 73 años de edad Rossini dejó de componer óperas. Se mudó París en 1837 para vivir en Italia, pero durante ese tiempo sufrió de dolorosas y prolongadas enfermedades (principalmente en Bologna, donde aconsejaba en el Liceo Musical, y también en Florencia). Isabella murió en 1845 y al año siguiente él se casó con Olympe Pélissier, con quien había vivido durante 15 años y que lo llevó a una vida dura, que le causó muchas enfermedades. Compuso arduamente durante este período (Stabat mater pertenece a sus años en París); pero regresó a París en 1855, donde mejoraron tanto su salud como su humor, y se acrecentaron sus ganas de componer. Escribió así gran cantidad de piezas para piano y canto, con ingenio y refinamiento que él mismo llamaba Péchés de vieillesse (Pecados de la vejez) incluyendo la elegante obra Petite messe solennelle (1863). Su muerte en 1868 fue honrada en todo el mundo.

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