PianoMundo OperaTodo sobre óperas clásicas y sus compositores. |
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El mundo lírico de Gioacchino Rossini
Ambos padres eran músicos, su
padre tocaba el corno, y su madre era cantante; Gioacchino Rossini aprendió ambas artes de
pequeño, y siendo tan sólo un niño cantaba en algunas de las óperas de Bologna,
donde vivía la familia. Allí estudió y comenzó su carrera operística cuando, a
los 18 años, escribió una comedia con tan sólo un acto, para Venecia. A éste le
siguieron otros encargos, de Bologna, Ferrara, Venecia nuevamente y Milán, donde
La pietra del paragone fue un éxito en la casa de ópera La Scala en 1812. Esta
fue una de las siete óperas que escribió tan sólo en 16 meses. |
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Las óperas de mayor importancia en el período siguiente fueron encargadas por
Nápoles. El tercer acto de su
Otello (1816), con su fuerte estructura unitaria,
denota su madurez como músico dramatista. Las óperas napolitanas muestran una
expansión de sus métodos musicales, con mayores y más extensos conjuntos, y al
coro como un participante sumamente activo; el recitativo que las acompaña es
mucho más dramático y en ellos la orquesta cumple un papel fundamental. Rossini
abandonó también las overturas tradicionales, probablemente con el fin de
involucrar a su audiencia dentro del drama desde el comienzo de la obra.
Isabella Colbran era la
soprano más
destacada de todo Nápoles, amante del empresario Barbaia. Ella dejó a Barbaia y se quedó junto a Rossini, con quien
se casó en 1822, pero no fueron felices juntos. A los 73 años de edad Rossini dejó de componer óperas. Se mudó París en 1837 para vivir en Italia, pero durante ese tiempo sufrió de dolorosas y prolongadas enfermedades (principalmente en Bologna, donde aconsejaba en el Liceo Musical, y también en Florencia). Isabella murió en 1845 y al año siguiente él se casó con Olympe Pélissier, con quien había vivido durante 15 años y que lo llevó a una vida dura, que le causó muchas enfermedades. Compuso arduamente durante este período (Stabat mater pertenece a sus años en París); pero regresó a París en 1855, donde mejoraron tanto su salud como su humor, y se acrecentaron sus ganas de componer. Escribió así gran cantidad de piezas para piano y canto, con ingenio y refinamiento que él mismo llamaba Péchés de vieillesse (Pecados de la vejez) incluyendo la elegante obra Petite messe solennelle (1863). Su muerte en 1868 fue honrada en todo el mundo. |
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