Vida y obra de Richard Strauss

Claro exponente de la ópera alemana, Strauss nació en Munich en Junio de 1864. Su padre, Franz, era un fogoso artista y el mejor instrumentista de corno en toda Alemania; elegido por Richard Wagner de entre varios artistas para la premier mundial de orquestas "Maestro". Notablemente, la bien publicitada relación entre Franz Strauss, el empresario y director de orquesta Hans von Bulow, y Wagner fue caracterizada por acaloradas y frecuentes discusiones y enemistades. Franz no ocultó su desagrado por las composiciones para corno de Wagner, ni el autoritarismo de von Bulow; una actitud increíblemente audaz para con dos grandes artistas. Wagner y von Bulow permitieron a Franz su temperamento altanero pues simplemente no podían darse el lujo de reemplazarlo.

Richard Strauss nunca antes había dirigido una orquesta y en sus años posteriores tuvo que enfrentarse con varios fracasos y desilusiones. No obstante, Richard pronto se convirtió en el asistente de von Bulow y en última instancia se destacó por sus trabajos como director y como compositor. En 1885, luego de la renuncia de von Bulow, Strauss tomó el cargo de la orquesta de Munich.

 

Habiendo encontrado un espacio en el cual desarrollarse, Richard continuó con sus creaciones más sensacionales, los poemas sinfónicos: Till Eulenspeigel, Don Quijote, Así habló Zarathustra, Ein Heldenleben, Sinfonía Domestica y Eine Alpensifonia, entre otros.

En 1905, junto a Salomé, el autor consiguió inmortalidad operística por ser el compositor de las producciones más sensacionales de sus tiempos. La decadencia y la obsesión por el erotismo sorprendieron a la audiencia. Su siguiente ópera, Elektra, no sólo hizo resurgir la atmósfera de protesta y escándalo iniciada por Salomé, sino que también creó una zona de guerra artística. Ariadna de Naxos es también una obra para mencionar.


Un claro ejemplo de ésta se manifiesta en las exigencias de nuestro autor; una de las características que él requería en las voces de los cantantes era que tuvieran la intensidad denominada “wagneriana” junto a una violenta disonancia. Dichos requisitos, presentes en una escasa minoría de voces, dificultaba la obtención de papeles en las óperas, lo cual provocó una desfavorable reacción en la comunidad musical. Señalan los expertos que esto no sólo causó el fin de la ópera tradicional, sino también la desaparición de la voz humana como instrumento artístico.

Es extraordinariamente contradictorio que, hasta el día de su muerte en 1949, Richard Strauss había conseguido la extraña distinción de una vida tranquila, libre de escándalos y excentricidades; un eficiente artista, un innovador director de orquesta, un hombre felizmente casado y obediente. Pero sobre todo, un compositor que mantendrá a la actual audiencia gritando y aplaudiendo al igual que solía hacerlo en el pasado.

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