Libreto de la ópera Parsifal de Richard Wagner

ACTO I:
En un bosque cerca del castillo de Monsalvat, el hogar de los Caballeros del Grial, Gurnemanz, uno de los Caballeros del Grial, despierta a sus jovenes caballeros y los lleva a orar. Él nota el acercamiento de Amfortas, y este le pide a al caballero líder noticias sobre la salud del Rey. El caballero le dice que el Rey sufrió durante la noche y se va temprano para su baño. Amfortas le pide a Gurnemanz que le explique como se pueden curar las lesiones del Rey, pero antes de que pueda hacerlo, una mujer salvaje, Kundry, aparece. Ella le ofrece una cura para el dolor del Rey que trajo de Arabia y luego se derrumba, agotada. Amfortas, el rey de los caballeros de Grial, llega en una camilla. Pregunta por Gawain, sólo para que le digan que este caballero se fue sin su permiso. Enojado, Amfortas dice que este tipo de irrespetualidad fue lo que llevo al reino de Klingsor a su caída. Luego, recibe la poción de Kundry, y trata de darle las gracias, pero ella responde, incoherentemente, que las gracias no lo ayudarán y le dice que se valla a bañar. El Rey se va, y los aprendices cuestionan a Kundry recelosamente. Gurnemanz les dice a ellos que Kundry ayuda con frecuencia a los Caballeros de Grial, pero que aparece y desaparece cuando quiere. Cuando le pregunta a ella porque no se queda a ayudar, ella responde que nunca ayuda. Los aprendices piensan que es una bruja y dicen que si ella es tan útil, ¿por qué no encuentra a la lanza santa por ellos? Gurnemanz dice que ese está destinado a ser el trabajo de otro. Él les dice que Amfortas fue el guardián de la lanza, pero que la perdió cuando fue seducido por una atractiva mujer en el dominio de Klingsor. Klingsor apuñalo a Amfortas con la lanza, esa es la herida que causa el sufrimiento de Amfortas y no se va a curar.

 

ACTO II
El segundo acto comienza en el castillo de Klingsor, en donde Klingsor pide a su sirviente que destruya al niño que se extravió en su dominio. Él la llama: HellRose, Herodias, Gunddrigga y, por último, Kundry, transformada aquí en la temible y hermosa mujer que sedujo a Amfortas. Ella se despierta de su sueño y se resiste inicialmente a Klingsor, burlándose de el, pero pronto cae en su hechizo. Klingsor llama a los caballeros de su dominio para que ataquen al niño, pero sólo puede ver que están muertos. Él ve al niño entrar en su floreado jardín y llama a Kundry para que lo busque, pero ella ya se ha ido. El niño se encuentra en un jardín rodeado de hermosas y seductoras flores-doncellas. Lo llaman y se entrelazan a su alrededor, felicitándolo por matar a sus amantes y por resistirse a sus encantos. Ellas se pelean entre sí para ganar su amor, pero se quedan sorprendidas cuando una voz llama al muchacho por su nombre: Parsifal. Parsifal de pronto recuerda que este es el nombre que su madre utilizaba cuando estaba en sus sueños. Klingsor aparece y le tira la lanza a Parsifal, pero el niño santo la captura y destruye a Klingsor y a su Reino, haciendo el signo de la Cruz con la lanza. Cuando se va, le dice a Kundry que ella sabe donde lo puede encontrar.

ACTO III
El tercer acto se desarrolla de nuevo en el Reino de Grial, unos años más tarde. Gurnemanz, ahora anciano y jorobado, oye un llanto fuera de su refugio y descubre a Kundry inconsciente. La revive, utilizando el agua de la Santa Primavera, pero ella sólo dice la palabra "servir". Gurnemanz se pregunta si hay algún significado de que ella haya aparecido en este día especial. Luego, se da cuenta de que una figura vestida con una armadura completa se acerca. No puede ver quién es porque el extraño lleva un casco, y no habla. Por último se quita su casco y Guremanz reconoce al chico que le disparó a Kundry, y luego se da cuenta que la lanza que lleva es la Lanza Santa. Parsifal le cuenta su deseo de regresar Amfortas. Él le cuenta su viaje, deambulando durante años incapaz de encontrar el camino de vuelta a Grial: fue forzado a luchar, pero nunca utilizo la lanza en sus batallas. Gurnemanz le dice que el hechizo que prevenía a Parsifal encontrar su camino ya fue retirado, pero que en su ausencia Amfortas se negó a revelar el Grial, y que Titurel murió. Parsifal es superado por el remordimiento, culpándose a sí mismo por estos hechos lamentables. Gurnemanz le dice que hoy es el día de los ritos funerarios de Titurel, y que Parsifal tiene que cumplir un gran deber. Kundry le lava los pies a Parsifal y Gurnemanz lo rocia con agua de la Santa Primavera, reconociéndolo como un santo puro, ahora iluminado por la compasión, y como el nuevo Rey de los Caballeros de Grial. Parsifal comenta sobre la belleza del prado y Gurnemanz le explica que hoy es Viernes Santo, el dia que todo el mundo es renovado. Parsifal le da su bendición a Kundry. Una vez más se desplazan hacia el Hall de Grial. Llevan a Amfortas ante el Grial y ante el ataúd de Titurel. Llora sobre su padre muerto, ofreciéndole el resto de sus sufrimientos, y desea unirse a él en la muerte. Los Caballeros de Grial le dicen a Amfortas con enojo que abra el Grial de nuevo para ellos, pero Amfortas les dice que nunca va a abrir el Grial y invita a los caballeros a matarlo. En este momento, Parsifal llega y dice que sólo un arma puede realizar esta tarea: con la lanza cura la herida de Amfortas y lo perdona. Él le regresa la lanza al cuidador de los caballeros de Grail y una vez mas abre el Grial. Todos se arrodillan ante él y Kundry, liberado de su maldición, cae sin vida al suelo.

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