La ópera francesa

Hacia comienzos del siglo XVII se intentó exportar la ópera italiana a la corte francesa, sin embargo el ballet era mucho más popular y no dio cabida a la misma. Hacia 1670 Lully desarrolló un estilo francés, bastante diferente al italiano y cuyos trabajos de tragedias musicales dominaron el estilo durante casi un siglo. Estos trabajos de ópera francesa poseían la seriedad de la italiana y las distinguidas presentaciones francesas de danza y grandes coros.

Pero los cantantes castrati, tan populares en el resto de Europa, nunca llegaron a ser del todo aceptados en Francia. La Opera Cómica fue un estilo que comenzó principalmente como reacción en contra de las tragedias líricas formales que había desarrollado el estilo de Lully. Con el correr del siglo XVIII se volvieron más populares, sobre todo debido a que sus personajes principales eran personas ordinarias en lugar de los reyes y héroes de la ópera seria. Naturalmente, con la Revolución Francesa en 1789, este estilo se convirtió en la forma dominante de dicha época. Además, la Revolución dio pie al género de rescate dentro del mundo lírico, donde el héroe o la heroína son rescatados de prisión o del peligro. Los desórdenes políticos de esos días se expresaban a través de esos trabajos, cuyo ejemplo más demostrativo es Fidelio (1805) del compositor alemán Ludwing van Beethoven.

 

Junto al reinado de Louis XIV sobrevinieron las instituciones de control de las obras líricas, entre ellas la Academia Real de Música, que se escondía bajo la apariencia de la Academia Imperial, la Academia Nacional y otras tantas según se modificara el escenario político. Sin embargo, era conocida simplemente como la "Opera". El teatro en el cual se presentaban estas óperas serias era conocido también con el nombre de Opera, pero su ubicación en París fue cambiando de uno a otro edificio durante la mayor parte del siglo XIX. Con el tiempo encontró un lugar permanente en el Palais Garnier en el año 1875, cuando los esplendorosos días de la "Grand Opera" se habían acabado.

Entre 1820 y 1830 se desarrolló un género característico en el teatro mencionado. Para considerarse como "Grand", un trabajo necesita tener canto recitativo (sin diálogos hablados), entre cuatro y cinco actos y un ballet. Normalmente, tiene conjuntos elaborados, con efectos de luces y maquinaria escénica. En su mayoría esto fue desarrollado por Louis Daguerre, el pionero de la fotografía, quien trabajó en el mencionado teatro durante los años 20 y 30. El libreto, frecuentemente de Eugene Scribe, tenía argumentos basados en episodios históricos de conspiración, revolución o persecuciones religiosas. Se necesitaba un gran reparto de solistas, y un coro para las escenas de multitudes, batallas o procesiones, mientras que la enorme orquesta se le adicionaba una banda escénica. La presentación concluía típicamente con una dramática escena final de masacre, ya sea un naufragio o incluso una erupción volcánica. La magna escala de estas producciones supone que unos pocos lugares, además del teatro mencionado, podían permitirse ponerlas en escena.


Una de las "Grand" más significativas fue La Muette de Portici (1828) de Auber, quien fue además un exitoso compositor de ópera cómica. Este trabajo es recordado actualmente como la obra lírica cuyas 1830 presentaciones en Bruselas iniciaron la exitosa rebelión belga contra el gobierno holandés. Otro trabajo influyente durante esta época fue La Juive (1835) de Halévy. Es menester recordar a Camille Saint-Saëns con su ópera Sansón y Dalila.

El compositor más importante fue Meyerbeer. Era de una familia Judío-Alemana, pero trabajó mayormente en París y es considerado un personaje clave en la tradición operística de Francia. Su exitosa carrera duró unos 30 años, desde Robert le Diable (1831) y Les Huguenots (1836) hasta L’Africaine (1865).

Si bien Berlioz es probablemente el compositor francés más grande que haya trabajado sobre este estilo, no tuvo demasiado éxito durante su vida y en comparación a Meyerbeer, tuvo una pequeña influencia sobre la ópera francesa. Benvenuto Cellini (1838) fracasó en el teatro, en parte debido al arreglo inconvencional del ballet obligatorio en la famosa escena Roman Carnaval. En su composición Les Troyens, basada en un escrito de Virgilio, Berlioz prestó muy poca atención a los problemas prácticos de poner en escena un trabajo de tal magnitud. Escrita entre 1856 y 1858, más tarde fue dividida en dos partes, la segunda Les Troyens a Carthage fue presentada en París en 1863, y la primera La Prise de Troie llegó a escena en 1890, mucho tiempo después de la muerte de Berlioz.

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