Claves para lograr un sano método para tocar el piano

La creencia de que se necesita tener un gran manejo del esfuerzo muscular de los brazos para tocar el piano fuerte y rápido es una idea popular bastante errónea. Muchos pianistas gastan cantidades innecesarias de energía y como resultado se atascan cuando tocan pasajes rápidos y fuertes. Gran parte de esta energía se va al teclado. Con sólo pensar un momento uno puede darse cuenta que cualquier presión que se aplique sobre la tecla una vez que el sonido se haya producido es totalmente innecesaria, y genera por lo tanto un gasto de energía sin un fin determinado. De hecho, el sonido se genera justo antes de que la tecla alcance la cama del teclado. Pero, sin embargo, es frecuente ver a los pianistas gastar enormes cantidades de energía sobre el teclado.

Esto no sólo es agotador para el pianista, sino que al tocar cada nota o acorde se detiene al mecanismo del piano entero. Esto se debe a que actúa como un freno. Entonces, ¿Puede uno dejar de hacer esto? ¿Puede el hábito encontrarse con una negativa a actuar de manera cotidiana? Si no caes bajo esta tentación descubrirás que es posible liberar el poder debajo del teclado sin ejercer presión alguna, por lo que el mecanismo permanecerá libre y listo para actuar, para lo cual no es necesario gastar energía. Así producirás un sonido mucho más claro y fuerte.

El miedo a equivocarse se encuentra fuertemente asociado con las dificultades que tenemos para cambiar. Puede ser difícil dejar de hacer lo que estamos acostumbrados a hacer si hemos llegado a creer que es esencial para tener éxito, y consecuentemente esencial para nuestro sentido del valor propio. Es por ello que toma bastante tiempo hacer a un lado el miedo a equivocarse. Cuan difícil puede ser tratar de persuadir a alguien que tiene mayor significado tocar un arpegio en su totalidad con algunas notas incorrectas que tocar una sucesión de notas correctas sin conexión alguna entre sí.

En cambio, es sencillo convencer intelectualmente a alguien de ello, pero de este modo el miedo no desaparecerá. El miedo provocado por las humillaciones durante la escuela o en la vida diaria, usualmente se incrementa durante las clases de piano. El temor de que si haces algo mal, eres tú el que está mal, y por lo tanto no mereces respeto ni amor. Este miedo es tan fuerte que domina a los estudiantes de piano de tal modo que los conduce a negar toda su pasión innata, su armonía y musicalidad, en lugar de que enfrenten el riesgo de tocar alguna nota incorrecta.


La música no es detalles, sino que es movimiento. Movimiento que viaja hacia alguna parte. Si éste es hermoso, los detalles le agregan encanto. Si el movimiento es pomposo o ahogado, entonces aún los detalles más hábilmente interpretados suenan forzados, y le quitan brillo a la melodía, en lugar de agregarle. Y la ironía es que si hay un movimiento real, un impulso, un ritmo, una técnica de piano que se mueve irresistiblemente hacia delante, si hay un sentido completo del ritmo los detalles no pueden ayudar sino que son secundarios.

El gran pianista de jazz Bill Evans dijo una vez: “Cualquiera puede ser grande si trabaja dentro de sus propias limitaciones”. Hay algo de verdad en estas palabras. Cada vez que permitimos que nuestra musicalidad natural salga a la luz, no importa de que magnitud sea nuestro talento, no importa cuan limitados técnicamente estemos, hay grandeza, pues la música es grande, un rico e inagotable fenómeno de la naturaleza.

Lecciones anteriores:
Tocar jazz en el piano
Tocar de memoria
Tocar blues en el piano

Tocar el piano de oído

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