La frecuencia del sonido

Una onda sonora, al igual que cualquier otra onda, es introducida en un medio a través de un objeto en vibración, como por ejemplo un diapasón. Dicho objeto vibrante es la fuente de una alteración que se desplaza en el medio. El objeto que crea dicha alteración puede ser: las cuerdas vocales humanas, las cuerdas y la caja armónica de una guitarra o de un violín, las puntas de un diapasón, o el diafragma de una radio encendida.

Sin importar que objeto sea el que cree la onda sonora, las partículas del medio sobre el que se mueve vibran de un lado hacia otro en una frecuencia determinada.

La frecuencia de una onda depende de con que periodicidad vibren las partículas del medio, en el momento en que este es atravesado por una onda. Dicha frecuencia es medida según el número de vibraciones completas (hacia un lado y hacia el opuesto) de una partícula del medio por unidad de tiempo. Si una partícula de aire experimenta 1000 vibraciones longitudinales durante 2 segundos, entonces, la frecuencia de la onda es de 500 vibraciones por segundo. La unidad para medir frecuencias, que se emplea comúnmente, es el Hercio (Hz), donde un Hercio equivale a 1 vibración por segundo (1Hz = 1v/s).

Algunos ejemplos prácticos
Mientras una onda sonora se mueve a través de un medio, cada partícula de éste vibra a la misma frecuencia que la onda. Esto es perceptible dado que cada partícula vibra debido al movimiento de la partícula más cercana. La primer partícula del medio comienza a vibrar, a supongamos 500 Hz, y activa el movimiento a las partículas que la rodean, también con una frecuencia de 500 Hz.

Así, la segunda partícula comienza a vibrar y el ciclo se repite. El movimiento vibratorio de las partículas centrales hacia uno y otro lado no es el único fenómeno observable a una frecuencia estipulada. Dado que una onda de sonido es una onda de presión, se puede emplear un detector para revelar oscilaciones en la presión (ya sean de alta a baja, o viceversa).


Como los disturbios generados por la compresión (alta presión) y la refracción (baja presión) están en constante movimiento, alcanzarían al detector en una frecuencia determinada. Por ejemplo, una compresión alcanza al detector 500 veces por segundo si la frecuencia de la onda fuera de 500 Hz. De manera similar, una refracción alcanza al detector unas 500 veces por segundo si la frecuencia de la onda fuera de 500 Hz.

Así, la frecuencia de una onda sonora no sólo hace referencia al número de disturbios de compresiones y refracciones que pasan por un punto dado en unidad de tiempo determinada. Además, un detector puede ser usado para medir la frecuencia de las presiones oscilantes en un periodo de tiempo específico, especialmente en ciertos instrumentos musicales electrónicos.

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