La atonalidad

Mientras que la música careciente de todo centro tonal ha sido escrita previamente, por ejemplo la "Bagatela sin tonalidad" de Franz Liszt, ha sido en el siglo XX que el término atonalidad comenzó a ser aplicado a las piezas, particularmente aquellas escritas por Arnold Schoenberg y a La Segunda Escuela Vienesa.

La música de éstos surgió de lo que fue descrito como la crisis de la tonalidad, que tuvo lugar entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, dentro de la música clásica. El compositor Ferruccio Busoni la describió como “el agotamiento del sistema de claves mayores y menores” y Schoenberg como “la incapacidad del acorde tonal para imponerse por sobre los demás”. Esta situación se incrementó hasta establecerse como una creciente práctica durante el transcurso del siglo XIX,  incluyendo elementos como los acordes ambiguos, inflexiones armónicas menos probables y las inflexiones melódicas y rítmicas más inusuales dentro del estilo de la música tonal.

La distinción entre lo excepcional y lo normal se volvió más y más borrosa; y como resultado hubo un concomitante desprendimiento de los vínculos sintácticos a través de los cuales los tonos y las armonías han estado relacionados unos con otros.

La música atonal
Las conexiones entre las armonías fueron inciertas incluso en el nivel más bajo, es decir, acorde con acorde. En niveles mayores, las relaciones e implicaciones armónicas de amplio rango se volvieron tan tenues que difícilmente podían funcionar. Afortunadamente, las probabilidades sistemáticas del estilo se volvieron oscuras; pero no por ello dejaron de practicarse.

La primera fase es usualmente descripta como “atonalidad libre” e involucra el intento conciente de evitar la tradicional armonía diatónica. Los trabajos de este período incluyen a la ópera “Wozzeck” (1917-1922) de Alban Berg y “Pierrot Lunaire” (1912) de Schoenberg.

La segunda fase comenzó luego de la Primer Guerra Mundial, y se caracterizó por los intentos de crear un significado sistemático de las composiciones carecientes de tonalidad, el más famoso método de composición con 12 tonos, o la técnica de 12 tonos. Este periodo incluye la suite Lulu y Lyric de Berg, el Concierto para Piano de Schoenberg, su ópera Jacob’s Ladder y numerosas piezas pequeñas, como por ejemplo: sus últimos cuartetos de cuerdas. Schoenberg fue el mayor innovador del sistema, pero su estudiante, Anton Webern, comenzó vinculando dinámicos y colores tonales a sus composiciones, haciendo la atonalidad extenderse no sólo para notas sino también a otros aspectos de la música. Esto, combinado junto con la parametrización de Olivier Messiaen, debería ser considerada como la inspiración del serialismo.

La atonalidad también puede ser entendida como un término peyorativo para condenar la música cuyos acordes estuvieran organizados sin coherencia aparente. En la Alemania Nazi, la música atonal fue criticada como “Bolshevike” y etiquetada como degenerada junto con la música producida por los enemigos de los nazistas. Los trabajos de cuantiosos compositores fueron prohibidos por el régimen nazi, y no fueron interpretados luego del colapso de éste al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

En los años siguientes, la música atonal representó un desafío para muchos compositores; incluso aquellos quienes escribían música tonal fueron influenciadas por ella. La Segunda Escuela Vienesa, particularmente las composiciones de 12 tonos, fueron tomadas por los compositores de la avanzada musical en 1950 para formar parte de la fundación de la Nueva Música. Los prominentes compositores de la post segunda guerra mundial de esta tradición son: Pierre Boulez, Karlheinz Stockhausen, Luciano Berio, Krzysztof Penderecki y Milton Babbitt.

Muchos compositores escribieron música atonal luego de la guerra, incluso si antes habían perseguido otros estilos, entre ellos se encuentran Elliott Carter y Witold Lutoslawski. Luego de la muerte de Schoenberg, Igor Stravinsky comenzó a escribir música con una mezcla de elementos serios y tonales. Durante este tiempo, las progresiones o sucesiones de acordes designadas a evadir un centro tonal fueron exploradas en profundidad y nombradas. Un vocabulario descrito como teoría musical  generó patrones de tonos atonales partiendo desde el formuleo matemático, y también vio la expansión de las posibilidades tonales como parte de una síntesis entre el sonido y la ciencia, que creyó presente en la música de la antigua Grecia.

La música atonal continúa, y muchos compositores atonales del siglo XX aún siguen vivos y activos. Sin embargo, las composiciones atonales en serie comenzaron a desvanecerse durante los años 60 donde, por un lado la música aleatoria, la espectral, y la electrónica demandaron más y más atención, y por el otro, los músicos influenciados por el misticismo, la modalidad y el minimalismo oriental comenzaron a escribir música basada en los patrones ostinato.

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